15 de agosto de 2024
El discurso de algunos líderes políticos como Trump han sabido capitalizar las tensiones y los resentimientos sociales para consolidar su base de apoyo. En este sentido, la guerra civil, más que un conflicto armado, se convierte en una metáfora de la división interna de un país, donde las luchas políticas se libran en el terreno de la identidad y la percepción social.
Pero esto como va a darse en países con democracias consolidades, esto solo es una mera distopía, una ficción de la serie francesa «La Fiebre» es una representación cruda y perturbadora de las dinámicas que pueden llevar a una sociedad al borde de la “guerra civil”. Es solo la competencia de dos mujeres, antes amigas y ahora rivales, una personifica la bondad y la honestidad, y la otra la “sexy monologuista”, que antes era buena, reconvertida a la maldad. Solo hace falta dar armas a los ciudadanos y a lo mejor lo tenemos, solo lo dejo ahí, para que veas el poder de los lobbies, y como se puede pasar de una mera metáfora a una situación de una autentica guerra civil no metafórica ni intelectual. No quiero hacer “spoiler”, pero da igual que sea con armas o con cuchillos de cocina, estos llamamientos son peligrosos.
Trump, en particular, ha demostrado cómo utilizar la retórica incendiaria para polarizar a la sociedad. A través de su discurso, ha logrado presentar a su electorado como una clase social oprimida, en constante lucha contra las élites liberales y los medios de comunicación «enemigos del pueblo». Esta construcción discursiva no solo exacerba las divisiones preexistentes, sino que también refuerza una narrativa de victimización y resistencia que resuena profundamente con ciertos sectores sociales.
El uso de que hizo en Trump en 2016 y 2020 se utilizó un marketing digital altamente segmentado para dirigirse a distintos grupos sociales con mensajes personalizados que reforzaban sus prejuicios y temores. Este enfoque no solo permite una comunicación más efectiva, sino que también maximiza el impacto emocional del mensaje, generando una respuesta visceral en el electorado que, a menudo, se traduce en una mayor lealtad y movilización.
La eficacia de esta estrategia reside en su capacidad para transformar los sentimientos de frustración económica o social en acción política. Al manipular la percepción de la realidad y exacerbar las tensiones de clase, los líderes políticos pueden consolidar su poder, al tiempo que desvían la atención de los problemas y darles esperanza, real o no, pero algo que le permita justificar su situación, racionalizando lo que no lo es.
La Fiebre», una serie que ha tenido éxito en un amplio abanico de público no solo por su narrativa intrigante y personajes complejos, sino también por su brillante uso del marketing y la comunicación política. Esta serie, ambientada en un entorno sociopolítico vibrante, utiliza estrategias de marketing y comunicación que no solo promocionan la serie, sino que también fomentan una conversación pública más amplia sobre temas relevantes y antes de las elecciones en Francia.
Las clases sociales siguen siendo un eje fundamental en la comprensión de las dinámicas políticas actuales. Aunque las identidades políticas a menudo se construyen alrededor de factores culturales, raciales o religiosos, la realidad económica y la posición de clase siguen influyendo de manera decisiva en la manera en que los individuos interpretan su lugar en el mundo y su relación con el poder.
En este marco, la propaganda y el marketing político se configuran como herramientas esenciales para gestionar y manipular la percepción de las clases sociales. El objetivo es simple: crear y mantener una base de apoyo fiel, que se identifique emocionalmente con el líder o el partido, y que esté dispuesta a movilizarse políticamente para defender esos intereses.
Los métodos son diversos y adaptados a los tiempos. La propaganda actual se despliega principalmente a través de las redes sociales, donde algoritmos diseñados para maximizar la interacción refuerzan burbujas de información que a su vez alimentan la polarización. En estas burbujas, las percepciones de clase y las tensiones socioeconómicas se distorsionan, y los conflictos se presentan a menudo en términos de lucha existencial, un «nosotros contra ellos» que simplifica la complejidad de la realidad en narrativas binarias.
Toda la serie gira entorno al futbol y realmente esta basada en hecho reales de varios sucesos en un club de Estrasburgo o en el caso Zidane, pero lo que es claro es que los clubes de futbol proyectan han proyectado a lo largo de su historia una identidad, valores e ideas, más allá de lo lúdico, y pueden ser movilizadores de grupos sociales e influir en ellos.
Cuidado, porque como el titulo de la serie basado en el libro de Stefan Zweig (El mundo de ayer): “Poco a poco se hizo imposible intercambiar una palabra razonable con nadie. Los más pacíficos, los más bondadosos, quedaron embriagados por los vapores de la sangre. Y los amigos se habían transformado, de la noche a la mañana, en patriotas fanáticos. Todas las conversaciones terminaron con crudas acusaciones. Sólo quedaba una cosa por hacer, encerrarse en uno mismo y permanecer en silencio mientras durara la fiebre …»