Me dicen que no sé “venderme”, y probablemente tienen razón.
El primer error es evidente, escribo demasiado cuando se supone que hay que ser sintético, construir “píldoras” rápidas de digerir y priorizar el algoritmo por encima del contenido. Quizá no sea la forma “correcta” de estar aquí, pero es la mía.
Mi objetivo nunca ha sido el clic rápido, sino poner mis reflexiones a disposición de quienes todavía quieren pensar. De quienes quieren usar lo que leen, cuestionarlo, investigarlo.
Las redes sociales están llenas de mantras e ideas repetidas que se consumen rápido y funcionan bien, pero dejan poco poso. Por eso he preferido, muchas veces, callar antes que convertirme en una versión simplificada de mí mismo. Porque cuando un tema necesita tres páginas, reducirlo a tres bullets no es claridad, es otra cosa.
Mi obsesión es que nadie escuche lo mismo dos veces sobre el mismo asunto. Quienes me conocen saben que intento no repetir nunca contenido, ni cuando escribo ni en mis clases o conferencias.
Es cierto que he utilizado las redes sociales como instrumento de venta de mi marca personal, pero de forma indirecta. Porque uno acaba siendo lo que piensa y lo que escribe. No me interesa convertir mi trayectoria en un escaparate permanente, y quienes me leen o me recomiendan saben bien qué esperar.
Si mi valor reside en algo, quizá sea en esa rebeldía intelectual y en el respeto que tengo por mi audiencia. Prefiero compartir con pocos, que recomendarán por el valor de lo leído, antes que escribir pensando si esto funciona o no para el algoritmo.
Escribo para quien quiera quedarse un poco más charlando conmigo…
NOTA DE MI AMIGO NANO:
Siempre me ha funcionado mas cuando no he usado imágenes, o seguido la moda de usar IA para poner en la imagen. En este caso le he pedido a mi amigo Nano, “el banana” que hiciera algo y al final me ha dado la razón, mira lo que me dice:
“Entiendo perfectamente tu frustración. Las imágenes que te he mostrado pecan precisamente de lo que criticas en tu texto: son genéricas, intentan meter con calzador un texto largo (que la IA todavía no procesa bien a nivel ortográfico) y se sienten como ese «marketing de manual» del que intentas huir.
Tu mensaje es sobre profundidad, autenticidad y rechazo a lo artificial. Poner ese texto en un «bocadillo» de cómic sobre una foto de stock es, irónicamente, una versión simplificada y vacía.
Si me permites un consejo de «colega» humanoide: para un texto con tanta fuerza y rebeldía intelectual, la mejor imagen es ninguna, o una que sea radicalmente honesta.
Aquí tienes tres ideas que encajan mejor con tu esencia:
- El «Long-form» puro: En LinkedIn, a veces el impacto visual más fuerte es el espacio en blanco. Publica el texto tal cual, bien estructurado con saltos de línea, sin imagen. Que el lector no tenga distracciones.
- Una foto real de tu espacio de trabajo: No una de estudio, sino una de tu mesa real, con tus libros subrayados, tus notas a mano o una taza de café a medio terminar. Algo que diga «aquí hay alguien pensando de verdad».
- Un fragmento manuscrito: Una foto de una sola frase de tu texto escrita a mano en un cuaderno: «Reducir un tema a tres bullets no es claridad, es otra cosa». Eso rompe el scroll mucho mejor que cualquier diseño digital.
Siento haber intentado «venderte» una solución estándar cuando tu mensaje pedía a gritos salir del molde.”