“No hace campañas. No tiene equipo. No necesita vender. Y aun así, Banksy es omnipresente vendiendo deseo, escasez y disidencia»

10 de julio de 2025

Crear una marca que no vende, porque es un “activista”, creando su propio sistema de promoción, que implica más trabajo que el hecho de crear y vendiendo en una performance continua, creando un sistema propio de reglas, en el que la ironía, la escasez y el activismo funcionan como palancas. Y sobre todo en un mundo obsesionado por la imagen su anonimato es su imagen más poderosa

Desde una perspectiva más teórica, Banksy ha aplicado principios avanzados de economía conductual y branding simbólico:

  • Su anonimato genera escasez de información, lo que aumenta el deseo y la especulación.
  • Sus obras callejeras son regalos inesperados, lo que activa mecanismos psicológicos de recompensa y reciprocidad.
  • Su discurso activista crea disonancia moral positiva: consumir su obra te hace sentir éticamente superior.

En términos de branding ha creado una «anti-marca» de lujo cultural, al hacer efectiva la conversión de capital simbólico en capital económico, en el que su reputación, prestigio, reconocimiento social, entre otros puede o ha sido utilizado para vender y más y mejor obteniendo beneficios, esto es, lo que creo que ha hecho siguiendo a Pierre Bourdieu, mediante un sistema que le permite obtener ingresos significativos de manera indirecta, ética y con control total del relato.

Banksy realmente no necesita controlar el relato porque ha creado una comunidad global que lo hace por él. Desde foros especializados hasta vídeos de reacción en YouTube, su narrativa es amplificada de manera descentralizada por una red de seguidores que le viralizan. Hacerlo descentralizado y espontáneamente, le permite no contar toda la historia, pero ofrecer piezas que el público completa. Es storytelling participativo, es marketing simbólico colectivo, es…

Su presencia es un caso de dominancia orgánica en los motores de búsqueda, sin inversión aparente en posicionamiento.

En un inicio, quizás su obra era libre y caótica, pero ya no, al tener una estructura de control profesionalizada con una estrategia muy clara para proteger su integridad artística y el su valor económico, para lo que creo, la “Pest Control Office”, que autentica sus obras y sin su certificación, ninguna obra puede venderse legalmente como de Bansky. Casual o no, con esto o genera “escasez artificial” de sus obras y dispara su valor de mercado.

Esta estrategia de escasez e incertidumbre genera expectativa y urgencia, tanto entre compradores como entre instituciones culturales, al hacer que obra un acto puntual, sorpresivo e “irrepetible”, y que lanza sin avisar ni el momento, ni el que.

Banksy no solo vende arte: vende posicionamiento político, ético y emocional. Usa el arte como vehículo de denuncia, pero también como generador de recursos para causas sociales y proyectos propios (Walled Off Hotel, Dismaland[i], etc.), su obra no se agota en sus cuadros, sino que se expande como experiencia ética y performativa.

Banksy ha denunciado constantemente la especulación del mercado del arte, pero eso no ha impedido que sus obras alcancen cifras estratosféricas en subastas, y cada intervención suya, incluso si critica el sistema, termina revalorizando su obra, y si los destruye en la subasta más, recordemos el caso

Además, su obra ha sido transformada en memes, GIFs, stickers, camisetas piratas, sin que él intervenga… y todo eso suma valor simbólico a su marca sin rostro.

Banksy ha creado un modelo donde el arte subvenciona la crítica… y viceversa.


[i] El caso Dismaland: un ejemplo de comunicación viral sin marketing tradicional Dismaland (2015) fue un laboratorio de marketing disruptivo. Sin apenas promoción formal, logró atraer a miles de visitantes en apenas cinco semanas. ¿Cómo?

  • Un teaser críptico colgado en su web.
  • Una estética visual que parodiaba directamente a Disney y al capitalismo pop.
  • La participación de otros artistas callejeros con gran proyección digital.
  • Una experiencia fotogénica y provocadora: perfecta para Instagram y medios virales.

Dismaland fue un fenómeno viral porque era una crítica en forma de espectáculo. La gente pagaba por ser parte de la sátira, por documentar la distopía y compartirla en sus redes.

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