“GUERRA COGNITIVA POLÍTICA Y ELECTORAL: MÁS ALLÁ DE LA PROPAGANDA Y LA DESINFORMACIÓN

La interferencia electoral o política de terceros países ya no se limita a la financiación externa o la desinformación explícita; se ha transformado en sofisticadas campañas políticas y electorales cognitivas, diseñadas para moldear la percepción, las emociones y las decisiones de los votantes de manera sutil y profunda.

Estas operaciones constituyen una subespecialidad dentro de la guerra cognitiva, orientadas a actuar sobre uno o varios Estados y sus instituciones públicas, formando parte de la llamada guerra híbrida.

Estamos ante estrategias de inteligencia avanzada, donde los actores estatales, bien los propios servicios de inteligencia directamente a través de empresas contratadas aplican análisis predictivo de comportamiento y simulaciones de escenarios políticos para anticipar reacciones sociales y actuar para modificarlas a su favor.

Las interferencias de actores externos suelen responder a objetivos muy concretos, entre ellos:

  • Desestabilización institucional: fomentar la desconfianza en las instituciones democráticas.
  • Polarización social: aumentar divisiones culturales, étnicas o ideológicas.
  • Promoción de candidatos afines o agendas externas: influir en los resultados electorales mediante la manipulación de la opinión pública.

Cabe recordar que la interferencia puede ser ejecutada no solo por terceros países, sino también desde el interior con apoyo de actores nacionales. Sin embargo, aquí nos centraremos en las acciones impulsadas desde el exterior.

La motivación estratégica de estos actores combina objetivos geopolíticos y económicos, buscando moldear políticas públicas favorables, acceso a recursos estratégicos, y debilitamiento de alianzas internacionales adversarias

Estas estrategias integran psicología, neurociencia, análisis de datos y comunicación estratégica para influir en procesos electorales sin que los ciudadanos sean necesariamente conscientes. Su alcance puede ir desde lo más leve hasta lo más disruptivo, llegando incluso a golpes de Estado o guerras civiles.

Aunque pueda parecer una teoría conspirativa o el guion de una serie, no lo es, en los últimos años se han identificado casos reales y patrones recurrentes.

Las campañas cognitivas se basan en la microsegmentación, diseñando mensajes adaptados a subgrupos específicos según sus intereses, ideologías o emociones predominantes. Para ello explotan sesgos cognitivos y emocionales —como el efecto ancla, el sesgo de confirmación o la heurística de disponibilidad— y difunden desinformación dirigida, compuesta de información parcialmente falsa o manipulada que refuerza creencias preexistentes.

Se complementan con análisis de redes sociales, minería de datos y seguimiento en tiempo real de interacciones digitales para ajustar los mensajes y maximizar su impacto en votantes específicos, generando un efecto acumulativo sobre la percepción pública y la opinión colectiva.

El Objetivos estratégicos suelen ser colectivos desfavorecidos que son los más vulnerables a la manipulación cognitiva y presentan características que facilitan la influencia externa:

  • Precariedad socioeconómica y exclusión: generan necesidad de pertenencia e identidad grupal.
  • Bajo acceso a alfabetización mediática: limita la capacidad de reconocer manipulación digital.
  • Experiencias previas de discriminación: refuerzan la credibilidad de narrativas de victimización.

Cuando nos referimos a estos grupos, sean inmigrantes o no, que viven en barrios periféricos de ciudades europeas reciben mensajes digitales que refuerzan la percepción de que el sistema “no los reconoce”, incrementando desafección política y predisposición a la movilización o protesta con el objetivo de reforzar la polarización y el resentimiento social. Esto no es solo en Europa, pero es donde mayor riesgo corre la democracia.

 Las principales herramientas utilizadas, son las de siempre, es una cuestión de contenido no de canal, pero siempre internet, nunca TV, a así:

  • Deepfakes y manipulación visual: creación de vídeos o audios falsos que simulan declaraciones de candidatos o figuras públicas.
    • Bots y algoritmos de amplificación: redes automatizadas que difunden mensajes con alta eficiencia, creando la ilusión de consenso masivo.
  • Neuromarketing y psicografía: análisis del comportamiento online para identificar motivadores emocionales y cognitivos sensibles en distintos segmentos del electorado.

El uso combinado de IA generativa y algoritmos para hacer microtargeting permite simular opiniones de masas, amplificar tendencias y crear percepciones de apoyo o rechazo a candidatos con precisión. Ejemplos recientes incluyen campañas en EE. UU., Alemania, España y Brasil, donde se detectaron patrones de manipulación masiva a través de redes sociales y mensajería privada

El objetivo es modificar comportamientos colectivos sin recurrir a la coerción física, generando efectos disruptivos en la esfera política y social.

En el contexto actual, la combinación de IA predictiva, bots y análisis de comportamiento en redes sociales permite que estas estrategias sean más precisas y efectivas, alcanzando niveles de microsegmentación sin precedentes

Pero los mejores son los de memes políticos diseñados para provocar emociones específicas (miedo, indignación o esperanza) que se diseminan viralmente para reforzar narrativas de polarización, sencillos, fáciles, “graciosos” …

Las campañas cognitivas modernas funcionan como un acelerador invisible, amplificando divisiones preexistentes y debilitando la cohesión social.

Cuando estas dinámicas se combinan con fragilidad institucional, pueden preparar el terreno para conflictos internos mediante:

  • La erosión de la confianza institucional, que debilita la capacidad del Estado para mediar conflictos.
  • La polarización emocional sostenida, que puede derivar en enfrentamientos sociales, políticos o étnicos.
  • La manipulación deliberada de actores externos, que actúa como catalizador de violencia interna, incluso sin un conflicto armado formal

 Se busca un impacto psicológico y social, con efectos que   generan confusión, escepticismo y fatiga cognitiva por el exceso de información contradictoria, lo que deriva en desconfianza hacia fuentes legítimas.

Además, los votantes tienden a consumir contenido alineado con sus propias creencias, reforzando burbujas informativas y amplificando la polarización.
Las emociones clave —como el miedo, la indignación o la esperanza— se utilizan como” gatillos” para promover la acción política o la inacción estratégica.

Lo más eficaz y frecuente es incluir el uso de la lógica del “nosotros contra ellos”, la difusión prioritaria de emociones negativas, o la sobreexposición informativa que prepara el terreno para la radicalización.

El uso de técnicas de neuromarketing político evidencia que emociones negativas se propagan más rápido y generan mayor engagement en redes sociales, mientras que emociones positivas como esperanza u orgullo pueden ser manipuladas para movilización selectiva llevando a la acción. A eso le súmanos la IA, y tenemos la

Siendo los cambios neuropsicológicos inducidos por la manipulación, van a generar:

  • Activación límbica: Los mensajes que enfatizan amenazan o injusticia activan la amígdala, incrementando miedo e ira, y reduciendo la actividad de la corteza prefrontal dorsolateral, lo que favorece respuestas impulsivas y reactivas.
  • Recompensa social por incremento de dopamina: Compartir contenido radical en redes sociales libera dopamina, reforzando la identidad grupal y aumentando la cohesión tribal
  • Sesgo de confirmación y plasticidad sináptica: La repetición de mensajes fortalece asociaciones implícitas, consolidando marcos cognitivos rígidos que dificultan aceptar información contraria
  • Sobrecarga cognitiva La exposición masiva a mensajes contradictorios y emocionales genera fatiga cognitiva, facilitando la adhesión a narrativas simplistas y slogans

La combinación de sobrecarga cognitiva, microsegmentación emocional y amplificación algorítmica crea un ecosistema en el que los ciudadanos adoptan comportamientos previsibles, aumentando la efectividad de campañas de polarización y manipulación ideológica

 Estamos ante un desafío para las democracias contemporáneas en las que campañas cognitivas representan un reto de enorme complejidad para las democracias actuales, ya que la interferencia de terceros países no busca únicamente influir en los resultados electorales, sino reconfigurar la percepción social y erosionar la confianza institucional a largo plazo.

Reconocer, estudiar y mitigar estas prácticas es esencial para proteger la integridad del proceso democrático y garantizar que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas y libres de manipulación externa.

Si bien existen opciones para mitigar su impacto, son estrategias complejas, en evolución y de eficacia limitada frente al ritmo acelerado de la innovación tecnológica y cognitiva.

Continuara…

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