ENSEÑAR A TRABAJAR: lo que no les contaron a los “becarios” en la Universidad ni en la FP.

4 de enero de 2026

He llegado a la conclusión de lo considero mi mayor «legado», durante más de veinticinco años, y fue formar a una especie laboral conocida como “los becarios : mi labor principal nunca fue enseñar técnica, eso ya lo traían en la mochila, sino enseñar a trabajar.

Entendí o mejor dicho aprendí de ellos, que enseñar a trabajar no consistía en dar instrucciones, sino en forjar una mentalidad para “sobrevivir” y «prosperar», en el mundo real de la empresa y el trabajo. Estas fueron las claves que traslade a cada uno de los que pasó por mis manos, basadas en la confianza y el crecimiento real.

1. El reto de liderar sin jerarquía

No fue un camino fácil. En muchas ocasiones, yo era solo un «jefe» nominal; muchas veces ni siquiera dependían formalmente de mí. Tuve que aprender a guiar mediante la influencia y el ejemplo, más que mediante el cargo.

A menudo, les encomendaba lo que muchos de ellos consideran «labores menores», pero yo siempre les hice ver que esas tareas son, precisamente, las más importantes para la estructura de la empresa. En el detalle y en la base es donde se construye el rigor profesional. Otras, venían conmigo a descubrir juntos algo nuevo, apasionante para ambos, pero esto le permitió entender que es trabajar el día a día.

2. La gestión del «No sé cómo seguir»

El mayor choque siempre fue pasar del entorno controlado (donde había una respuesta correcta o un manual), eran estudiante, al proyecto real cargado de incertidumbre.

En mi formación, les obligué a enfrentarse al bloqueo. Les enseñé que «no saber» era el punto de partida, no el de llegada. Mi objetivo siempre fue que aprendieran a investigar, a proponer soluciones antes de pedir ayuda y a entender que, en el trabajo, la capacidad de resolución valía más que la teoría pura.

3. Tirarse a la piscina con respaldo

Ellos brillaban porque de repente les quitaba su “flotador mental” y, porque alguien, por primera vez, les enseñó a asumir el riesgo. Pero nunca se trató de soltarlos al vacío sin más; se trató de darles autonomía con la seguridad de que había una red debajo, una supervisión que ellos no percibían, y el valor de arreglar o asumir lo que no hicieran bien.

Les daba el espacio para que tomaran decisiones y asumieran responsabilidades desde el primer día, sin importar su origen académico. Ese «respaldo» fue lo que les permitió arriesgarse. Cuando comprendieron que el error no sería castigado con el desprecio, sino analizado como una lección, su curva de aprendizaje se disparó. Sentirse respaldados les dio la valentía necesaria para innovar y muchos lo hicieron, ya decía que venían con la “mochila” llena, pero desordenada, como todos.

4. No eran becarios, eran profesionales.

Para mí, el éxito consistía en que dejaran de ser «ejecutores» para ser «pensadores». Les solté la mano progresivamente, tratándolos como futuros colegas. Al no verlos como simples piezas de un engranaje, ellos empezaron a ver el negocio con perspectiva global, entendiendo el «porqué» de las cosas y no solo el «cómo«.

5. El fracaso como herramienta de trabajo

Frente a un sistema que no enseña a fallar, en mis tutorías el error fue siempre bienvenido si venía acompañado de un análisis. Les enseñé que, si te equivocas y lo reconoces, es más rápido y barato, y estás aprendiendo. Se sincero, y ético, sin miedos.

Y sobre todo el volver, porque esa resiliencia es lo que diferencia a un futuro profesional corriente de uno brillante.

El legado: El «Flautista de Hamelín»

Hoy, al mirar atrás, la recompensa es inmensa. Veo a muchos de aquellos jóvenes ocupando hoy posiciones de alto nivel dentro del Grupo; otros han labrado carreras fuera y otros tantos han emprendido sus propios proyectos.

Por ello, guardo con especial cariño el “mote» que algunos, de forma simpática, me pusieron: el «Flautista de Hamelín». Me llamaban así porque me seguían, no por obligación contractual, sino por convicción.

Mi mayor orgullo no es que aprendieran a usar una herramienta, sino ver cómo se marcharon con la confianza de saber que podían resolver problemas. Porque eso, y solo eso, fue siempre trabajar.

Ahora, despues de «cuarenta años de servicios» me he prejubiliado, que no retirado, pero si te sirve algo de esto para tus «becarios», usalo, no tiene copyright.

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