25 de junio de 2025
Domingo antes de la siesta, se dirige a la Nación, en soledad, erigiéndose como protector de los intereses de España, sin periodistas, sin replica, en un plano fijo.
Hace unos días, que me preguntaba como lo iba a hacer y el domingo me ratifico que su jugada es aguantar en lo alto (resistencia), proyectar dramatismo calculado (réquiem emocional), regular el ecosistema mediático (erosión indirecta de críticos) y recolocar la agenda con logros concretos.
Esta en jaque mate, pero solo quiere hacernos pensar que esta en jaque, le están acosando a la reina, los alfiles y caballos, están muertos o mal heridos, y el prepara una estrategia combinada, para lo que solo va a necesitar tiempo, usando su imagen de personaje afectado
Su equipo utiliza señales no verbales (ambiente serio, figura física envejecida) y frases como “aún no he comido” para reforzar la imagen del líder afectado, agotado por la responsabilidad del cargo. Sin embargo, expertos advierten que apelar mucho a la pena puede dañar la credibilidad, es la narrativa del sacrificio y lo de la comida, no fue afortunado, despida al que se lo dijo, pero seguro que es caro de “reconvertir”.
Nos va a distraer con agenda internacional y social, y al final lo del 5 % lo ha firmado, de una forma u otra, pero si, no obstante, el relato es que no. Ha empezado con la controversia y la conferencia de la OTAN, seguirá con las cumbres internacionales que pueda porque llega el verano y como defensor de medidas sociales (plan de igualdad, gasto educativo o medidas a impacto por la crisis) buscan desviar la atención pública hacia logros gubernamentales, o lo que él cree que lo es.
La estrategia de Sánchez el domingo parecía ya claramente definida, y hoy diría que es la prevista y podemos desglosarla en una estrategia de comunicación en 3 fases, diseñada para resistir, controlar y reposicionarse:
1. Fase de «Resistencia Emocional» (ya en marcha)
Esta fase busca que el foco no sea la corrupción, sino la supuesta crueldad de la derecha y los medios, convirtiendo la figura del presidente en un símbolo de resistencia personal y democrática.
Objetivo: Consolidar el relato del “ataque personal” y conectar emocionalmente con su electorado más fiel y con sus afiliados, simpatizante y desde luego no con los dirigentes del partido.
· Uso de la narrativa del sacrificio personal: gestos de fatiga, frases como «no he comido», «me siento más solo», etc.
· Comunicación no verbal cuidadosamente construida: rostro grave, tono templado, fondo institucional.
· Silencio estratégico: evita el cuerpo a cuerpo, no concede entrevistas ni debates, para mantener el control de agenda.
2. Fase de «Control del Relato» (en proceso, con leyes en curso)
Aquí la estrategia seria erosionar al sistema mediático/judicial sin confrontarlo directamente, usando una retórica de defensa del pueblo.
Objetivo: Reencuadrar la crisis como un conflicto de poderes y valores democráticos.
· Deslegitimación de adversarios: acusar a jueces, medios y oposición de prácticas «antidemocráticas» o «lawfare». Y a la prensa que no sea “afín”.
· Aliados internacionales: utilizar la diplomacia internacional para ganar legitimidad moral (UE, ONU, etc.). Sobre todo, usando Gaza y Ucrania, entre otros.
· La amnistía, etc.
3. Fase de «Reposicionamiento y Desviación Temática» (próxima etapa)
Esta etapa está diseñada para reforzar su base electoral de izquierda, reconectar con los jóvenes y desgastar a la oposición por agotamiento o falta de propuestas nuevas.
Objetivo: Reubicar la atención pública en logros económicos y sociales, y preparar el clima para elecciones en 2026 (o anticipadas si logra remontada), aunque salvo milagro, no ganara, y ni el como candidato si le dejan, ni su partido.
· Agenda positiva intensa: subir el salario mínimo, políticas de igualdad, anuncios sobre empleo o vivienda joven.
· Uso intensivo de redes sociales: TikTok, Instagram, reels con tono emocional y disruptivo para captar jóvenes.
. Campañas con eslóganes como: «España no se rinde», «Gobernar no es complacer», «Contra el ruido, futuro».
Pedro Sánchez no está simplemente defendiendo su cargo. Está reconfigurando su legitimidad a través del conflicto, usando tácticas propias de la posdemocracia emocional. La clave de su éxito o fracaso dependerá no solo de los hechos judiciales, sino de quién controle el relato emocional y simbólico en los próximos meses.