«SUPERHÉROES: PROPAGANDA PSICOPOLÍTICA CON MITOS Y OTROS PERSONAJES”

26 de diciembre de 2025

Introducción: cuando el poder se disfraza de superhéroe

A lo largo de la historia contemporánea, los superhéroes no han sido únicamente productos de entretenimiento. En contextos de crisis, guerra o polarización política, han funcionado como herramientas simbólicas de propaganda, diseñadas para simplificar la realidad, movilizar emociones y construir identidades colectivas. Desde el Capitán América nacido en plena Segunda Guerra Mundial hasta Superbigote en la Venezuela chavista, el superhéroe político actúa como un “artefacto” de neuromarketing ideológico.

Vamos a analizar cómo estos personajes operan a nivel emocional, cognitivo e identitario, y por qué resultan especialmente eficaces en contextos de conflicto, escasez o amenaza externa.

El superhéroe como arquetipo psicológico y político

Desde la psicología profunda (Jung) y la psicología social, el superhéroe encarna el arquetipo del salvador: una figura que protege al grupo, combate al mal y ofrece seguridad simbólica. En política, este arquetipo se activa cuando:

  • La ciudadanía percibe amenaza externa o interna
  • Se debilitan las instituciones racionales
  • Aumenta la necesidad emocional de orden y protección

El superhéroe no argumenta: rescata, vence y castiga. Esto lo convierte en una herramienta ideal para la propaganda, donde la complejidad es un enemigo.

Superbigote: propaganda emocional en clave infantilizada

Superbigote es una representación caricaturizada de Nicolás Maduro como superhéroe. Desde el neuromarketing político, su diseño no es casual:

  • Estética infantil / modelos los Simpsons→ Reduce el pensamiento crítico y activo procesamiento periférico
  • Narrativa maniquea → Pueblo bueno vs. enemigos malvados (imperio, oposición, traidores)
  • Identificación líder-héroe → El líder no gobierna: salva

A nivel neuronal, este tipo de propaganda activa:

  • Sistema límbico (emoción, miedo, pertenencia)
  • Redes de identidad social (nosotros vs. ellos)
  • Sesgos de autoridad y familiaridad

Superbigote no busca convencer, sino reforzar la identidad emocional del seguidor, especialmente en públicos jóvenes o ya ideológicamente alineados.

Capitán América: el superhéroe como propaganda de guerra

El caso del Capitán América es paradigmático. Nace en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, con una función explícita:

  • Humanizar la nación
  • Personificar los valores estadounidenses
  • Convertir la guerra en relato moral

El Capitán América no es solo un soldado: es la bandera hecha cuerpo. Su diseño responde a principios clásicos de propaganda:

  • Claridad moral absoluta
  • Enemigo deshumanizado
  • Sacrificio heroico legitimado

Desde el neuromarketing, este tipo de figura facilita la aceptación emocional del conflicto, reduciendo disonancia cognitiva y normalizando la violencia como defensa del bien.

Superhéroes y simplificación cognitiva: pensar menos, sentir más

Uno de los grandes aportes del neuromarketing político es mostrar que, en política, la emoción precede a la razón. El superhéroe actúa como:

  • Atajo cognitivo
  • Sustituto del análisis complejo
  • Generador de certezas emocionales

En lugar de debatir políticas públicas, el mensaje se reduce a:

“Nuestro héroe nos protege de los villanos”

Esto es especialmente eficaz en contextos de:

  • Crisis económica
  • Polarización extrema
  • Fatiga democrática
  • Posdemocracia (Crouch)

Identidad, pertenencia y obediencia emocional

Tanto Superbigote como Capitán América funcionan como marcadores identitarios. No se consumen solo como personajes, sino como símbolos de pertenencia:

  • Apoyar al héroe es apoyar al grupo
  • Criticar al héroe es traicionar a la comunidad

Desde la Teoría de la Identidad Social (Tajfel), el superhéroe político fusiona líder, nación y moralidad, creando una lealtad emocional difícil de romper con argumentos racionales.

Riesgos democráticos del superhéroe político

Aunque eficaces, estos “dispositivos” tienen un coste elevado:

  • Infantilización del debate público
  • Deslegitimación del disenso
  • Normalización del autoritarismo emocional
  • Sustitución de instituciones por figuras carismáticas, etc

El superhéroe político no fortalece la democracia: la simplifica

Conclusión: del cómic a la psicopolítica

Superbigote y Capitán América pertenecen a contextos ideológicos distintos, pero comparten una lógica profunda: el uso del superhéroe como ingeniería emocional del poder. En ambos casos, el objetivo no es informar, sino alinear emocionalmente, construir un “nosotros” moral y neutralizar la crítica.

Comprender estos mecanismos desde el neuromarketing político no es solo un ejercicio académico, sino una herramienta crítica para detectar cómo el poder se reconfigura cuando la política deja de hablar al cerebro racional y empieza a hablar, directamente, al sistema emocional.

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